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Reflexiones sobre la democracia transparente: Apuntes de teoría política

Por Juan Pablo Sáenz Bonilla1

Los principios de la transparencia son indisolubles de los principios de la democracia, e incluso la democracia es más democrática entre más transparente sea.

Sin embargo, la praxis política ha demostrado que la democracia representativa-formal -en tanto sistema político imperante en las sociedades modernas- no necesariamente es transparente en la realidad y que se requieren de más esfuerzos por transparentarla y eliminar la opacidad del poder que aún persiste.

Además, aunque hay múltiples reflexiones teóricas y filosóficas sobre la democracia y a pesar de que en la últimas décadas han surgido múltiples organizaciones de la sociedad civil que se han preocupado por el tema de la transparencia y la rendición de cuentas de los Gobiernos; aún es necesario profundizar las discusiones sobre estos temas y su significación tanto desde el punto de visto teórico como desde el práctico. Ampliar esa discusión es el objetivo de este breve artículo.

En ese sentido, la democracia transparente implicaría el cumplimiento de algunas características básicas, que aunque reconocidas en la visión ideal de la democracia, no se cumplen en la praxis sociopolítica. La democracia transparente se opone a algunas prácticas sociales y reafirma otras.

En primera instancia la democracia transparente se opone al ejercicio del poder invisible. Como señala Norberto Bobbio, aunque la democracia -en parte- surgió para erradicar el poder invisible de la sociedad y para dar vida a un gobierno cuyas acciones debían ser realizadas en público, lo cierto es que esta ha sido una promesa incumplida2.

De esta manera, en Democracia y secreto, Bobbio plantea que la falta de la “transparencia del poder” se relaciona con una práctica congénita de la acción política que consiste en “sustraerse a la vista del público en el momento de las deliberaciones de interés público”, por lo que en los estados no democráticos “el lugar de las decisiones últimas es el gabinete secreto, la cámara secreta, el consejo secreto”3, de ahí que suscribe las ideas de Canetti al decir que “el secreto es la médula misma del poder” y de Weber al plantear que “el secreto es siempre un instrumento de poder”4.

En esa misma línea, aunque es cierta la afirmación de Balandier al decir que hay una “mediatización generalizada del ámbito político” en el sentido de que la política opera en el marco de la teatralidad5, no siempre el poder opera en escena sino que tiende a actuar tras escena, lejos del escrutinio público. Por su parte, la naturaleza específicamente invisible del poder descrita por Foucault6, en la que aquellos sobre los(as) que se ejerce el poder no están conscientes de ello, empeora la dominación, la opacidad y las estrategias para la resistencia.

En segunda instancia, la democracia transparente se opone a la persistencia de las dinámicas oligárquicas (o elitistas) en las que son las minorías o pequeños grupos quienes controlan el poder político. Sin embargo, como también ha expuesto Bobbio, la democracia representativa-formal ha incumplido su promesa de que el poder esté más ampliamente distribuido y más bien lo que ha sucedido es que son pocos los que participan en las decisiones que afectan al colectivo social. De esta forma, las oligarquías también ejercen su influencia en los procesos políticos para favorecer sus intereses particulares y beneficiarse. Aunque presentan la democracia como un supuesto dado y como una retórica legitimadora, lo cierto es que los procesos no son democráticos al no beneficiar al mayor número posible.

De esta forma, la democracia transparente se opone también al hecho de que las instituciones (sociales y políticas) sean proclives a favorecer intereses particulares y corporativistas. Cuando los procesos políticos y decisorios son opacos y definidos por unos pocos, típicamente terminan favoreciendo los intereses de esos pocos quienes usualmente son los más poderosos de la sociedad, no solo en términos políticos sino también económicos; aunque como es sabido el poder económico conduce al poder político. Por esta razón, la democracia transparente abraza la transparencia pero se niega a seguir siendo “posdemocracia” en los términos entendidos por Chantal Mouffe y otros, pues esta tiende a favorecer los intereses económico-políticos de unos pocos7.

En tercera instancia, la democracia transparente aspira a que el “poder del pueblo” sea aplicado en la mayoría de espacios de la vida social y sea implementada no solo en “espacios limitados”, como exponía Bobbio8. En ese sentido, la democracia debería aplicarse también al ámbito de distintas organizaciones de la sociedad civil, como -por ejemplo- al empresariado privado. En esa línea, estas organizaciones deberían abrazar aún más los principios de la democracia y por ende los principios de la transparencia.

De esta manera, las demandas de transparencia y rendición de cuentas que atinadamente se le hacen a las instituciones públicas, también deberían aplicarse para estas organizaciones de la sociedad civil, principalmente a aquellos actores no estatales que ofrecen servicios públicos como las concesiones de infraestructura pública, las comercializadoras de telecomunicaciones, las empresas de transporte público, los gestores de puertos y de servicios de salud.

Además, las empresas que no ofrecen servicios públicos también deben ser más transparentes en el marco de la democracia transparente. Por ejemplo, parte de sus informaciones deben ser transparentadas para evitar su influencia desmedida sobre los Estados y para disminuir la opacidad de su poder que ha servido para la evasión o elusión de impuestos o bien para manejos cerrados u opacos como los casos ligados a los Panama Papers.

De esta manera, la visión de la democracia transparente se distancia teórica y políticamente de las perspectivas que consideran que las demandas sobre la transparencia y la rendición de cuentas deben circunscribirse al Estado, aquel del que desconfían a priori y del cual consideran hay que defenderse. Por el contrario, la democracia transparente asume que el Estado no es un enemigo, aunque hay que limitar la opacidad de su poder, al igual que algunos manejos, decisiones y el poder que discurren en otras organizaciones no estatales.

En síntesis, mientras la democracia representativa-formal puede existir (y existe) sin cumplir con las características mencionadas, la democracia transparente pretende la conquista de nuevos horizontes hasta el momento incumplidos. Todo depende de aquellos(as) que no se conforman y de quienes desean una democracia más transparente y ulteriormente más democrática.


1  El autor es Politólogo y candidato a Máster en Sociología.

2 Bobbio, N (2001). El futuro de la democracia. México: Fondo de Cultura Económica. P: 36.

3 “Democracia y secreto”. Obtenido desde: http://semioticagesc.com/wp-content/uploads/2013/04/Democracia-y-Secreto.pdf. P: 10.

4 Ibídem. P: 18.

5 Balandier, G (1992). El poder en escenas. Barcelona: Editorial Paidós. P: 15.

6 Foucault, M (2011). Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones. Madrid: Alianza Editorial.

7 Sobre el tema de la posdemocracia y las reflexiones de Mouffe sobre el tema, véase Monedero, JC (2012). “¿Posdemocracia? Frente al pesimismo de la nostalgia, el optimismo de la desobediencia. Obtenido desde: http://nuso.org/articulo/posdemocracia-frente-al-pesimismo-de-la-nostalgia-el-optimismo-de-la-desobediencia/

8 Bobbio, N (2001). El futuro de la democracia. México: Fondo de Cultura Económica. P: 15.

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